Carlos Rodríguez
y Quezada

Carlos Rodríguez y Quezada nació y se educó en la ciudad de México, creció en el seno de una familia numerosa, sus padres le inculcaron la importancia de la educación, todos ellos, ocho hermanos, poseen títulos universitarios. Carlos demostró gran inclinación hacia la historia y su naturaleza aventurera, lo llevó a elegir relaciones internacionales, haciendo una carrera descollante en distintas partes del mundo. Después de haber recaudado experiencias inenarrables, desde El Salvador a Yugoslavia, pide su traslado a Santa Ana en donde ya tiene un sinfín de proyectos beneficiosos para la comunidad mexicana, desde la creación de una Asociación de Profesionales y Empresarios Mexicanos; una Cámara Mexi-cana de Comercio; actividades culturales de gran relieve co- menzando en septiembre con las Fiestas Patrias; una exposición en el museo Bowers de pintores mexicanos y latino- americanos; danzas, música, teatro, cine que durará cuatro meses, y está involucrado en la comisión del Bicentenario. El cónsul solicita patrocinadores y el apoyo de las distintas federaciones, clubes y demás organizaciones mexicanas. Les pide que se integren al consulado, que participen.

Carlos Rodríguez y Quezada nació en el Distrito Federal, sus padres son de Jalisco, su madre, Josefina Quezada, de Guadala- jara, y su papá, Felipe Rodrí- guez, de un pueblito cerca de Puerto Vallarta, muy bonito, se llama San Sebastián del Oeste, allá en las montañas, un lugar muy apacible. De familias numerosas los dos y muy unidas, Carlos Rodríguez y Quezada tiene siete hermanos, él es el segundo.

Carlos Rodríguez y Quezada nació en la Colonia Santa María La Rivera, una de las más tradicionales en la ciudad de México y muy cerca del Monumento a la Revolución. Asistió a la escuela primaria Florencio del Castillo, y se recibió de la Escuela Secundaria Número 4, ambas localizadas en la Colonia San Rafael, una colonia muy antigua, en el centro de la ciudad.

¿Qué hacía tu padre?
-Era ingeniero civil, pero más adelante, se abocó de lleno a la enseñanza, en la politécnica, en la universidad, en escuelas y universidades privadas, así que hubo una gran inclinación hacia el estudio en todos nosotros.

¿Cómo era tu mamá?
-Una mujer bastante liberal, siempre nos permitió dedicarnos a lo que quisiéramos, pero a la vez ejer- cía algún control: "¿adónde vas?, ¿con quién estás?, ¡trae a tus amigos a casa!", decía, pero nos daba bastante libertad. Mi mamá es pintora, se dedicó al arte toda su vida hasta este momento que tiene 92 años de edad.

¿Quién de los dos tuvo más influencia en tu persona?
-Definitivamente mi madre. Mis padres se divorciaron cuando yo era niño, ellos eran muy inquietos, de temperamento fuerte los dos, y aunque se llevaban bien pues también tenían sus diferencias y éstas fueron las que al final ganaron.

Su padre siempre los apoyó y estaba al pendiente con ellos, los orientaba, los aconsejaba, crecieron bien. Sus dos padres se preo- cuparon para que hubiera mucha tolerancia y entendimiento entre ellos, de evitar conflictos, que se integraran, y que mantuvieran buenos términos.

¿Recuerdas algún maestro o profesor en particular?
-Sí, en la primaria recuerdo a la maestra Margarita y, en la secundaria, habían muchos maestros pero el profesor Ismael Orozco fue muy especial, siempre me empujó a estudiar historia, como vio que era muy malo para las matemáticas, física y la química, optó por o-rientarme hacia la lectura, la historia, la geografía, y me apasionó, así que me dirigió indirectamente al camino de las relaciones internacionales. Leía mucho sobre historia, historia antigua, de Alejandro, del mundo griego, del imperio romano.

¿Algún hermano siguió el mismo camino?
-Si, mi hermano menor Pablo, estudió también relaciones internacionales, en la actualidad está trabajando en la Secretaria de Educación Pública en México, es el que financia proyectos de educación, un área muy importante para becas, para financiar colegios, escuelas y demás. Otro de mis hermanos se dedica a las cuestiones del arte, ha sido promotor de la cultura, de las bellas artes, los demás hermanos optaron por las ciencias exactas, matemáticas, biología, física y química.

¿Qué haces cuando terminas la secundaria?
-Tenía 17 años y con un amigo, nos montamos en un carro y nos dedicamos a vender enciclopedias y diccionarios por todos los pue-blos y ciudades de México por seis meses. Después de esta experiencia muy valiosa, entré a la Preparatoria Número 1 que era una de las escuelas más bellas de México, tenía un salón maravilloso, en el mero centro de la ciudad, con una gran historia, con una gran tradición.

¿Por qué dices "era"?
-Porque luego cambió de ubicación, y con ello, su ambiente tan especial. Pero en aquellas épocas, todos los grandes personajes de México pasaban por ahí, presidentes, ministros, secretarios, ingenieros, abogados. Se sentía la tradición en sus aulas y salones y ahí fue donde convencido, opté por las relaciones internacionales.

Continuó luego en la Universidad Nacional, en la facultad de Ciencias Políticas y Sociales, en donde se abocó a estudios sobre la historia, geografía, cómo se componen los países, cómo cambian con las guerras, con las conquistas, la transformación de las fronteras, y cómo van sucediendo los hechos.

¿Te recibes muy joven?
-Más bien un poquito tarde porque andaba en un grupo de rock y jugando fútbol americano, tuve mucha inclinación hacia el deporte y también hacia la música y las artes.

¿Qué hacías en ese grupo de música?
-Cantaba, era la segunda voz, era un grupo de rock, a ese grupo lo fundé yo, se llamaba Filmont, nos influenciaron Los Beatles obviamente. En esa época era la moda, nos tenían impactados a todos, entonces se me ocurrió formar ese grupo. Nos fue bien, nos divertimos bastante.

¿Cuánto tiempo duró el grupo?
-Yo estuve tres años, y salí porque ingresé al servicio diplomático, pero el resto siguió un par de años más, después ellos también se dedicaron a sus actividades. Pero la expe-riencia fue muy padre, nos divertíamos mucho, gozábamos, nos trataban muy bien las chicas, eso era lo mejor y teníamos mucho éxito con la música.

¿Habías estudiado música y canto?
-Cuando era más joven tomé unos cursos con una cantante de ópera muy reconocida en México, la Chacha Aguilar, quién se retiró porque sufrió un accidente, el escenario en el que estaba actuando se cayó y quedó paralítica. Se retiró del canto y se dedicó a enseñar. Lamentablemente, después se enfermó y no pudo continuar dando clases. Tenía un grupo muy grande de alumnos y era una mujer de un gran corazón, tremendamente talentosa y solidaria con la gente que estaba en dificultades. Recuerdo que algunas veces estábamos en la clase de piano y la llamaba alguien por un problema y en ese momento dejaba la clase para au-xiliar al necesitado. Un día me dijo: "Carlos, vente conmigo y ayúdame". Ahí llegábamos a la cárcel, a sacar al hijo de aquella persona que había llamado. Pero todo lo que aprendí de música con ella me sirvió para comenzar el grupo.

Carlos sale del grupo para ingresar al Ser- vicio Exterior Mexicano en 1969. Tuvo que dejar la universidad porque lo mandaron a Cuba, estuvo allí tres años. Este fue su primer puesto consular, su primer cargo diplomático.

¿Puedes hacerlo antes de recibirte en la universidad?
-Sí, no pierdes tus derechos. La universidad te da cinco años de límite para continuar los estudios y tienes que tener un mínimo de dos años cursados para poder comenzar en la carrera. Cuando regresé a México, terminé la universidad y me quedé trabajando en la oficina del ministro Emilio O. Rabasa por dos años, luego vine al consulado de San Diego, por dos años y regreso nuevamente a México, se suponía que era por cuatro meses para trabajar en la organización de la Conferencia Internacional de la Mujer en el equipo organizador, era la primera conferencia de la mujer, entre México y Naciones Unidas, pero me quedé cinco años.

Durante esos cinco años en México, se dedicó a labores especiales con organismos internacionales, en las Naciones Unidas, en la Unesco, en la OEA, y muchas otras más. Trabaja también en la misión de México en la OEA, por cuatro años, regresa a México otra vez, trabaja por dos años en organismos internacionales y desde ese entonces comienza un largo viaje de veinte años que empieza en El Salvador, lugar que llega en el 88 en plena guerra civil, muy peligroso y complicado, en donde se mantiene vivo de puro milagro.

"Una vez iba por una avenida, el semáforo me detiene y resuelvo doblar hacia la derecha porque ahorraría tiempo, y llegaría más fácil a destino. Cuando tuve la luz verde, di la vuelta y en ese momento, en donde yo debía estar, explota una bomba. En otra ocasión estábamos con unos amigos en una cervecería, platicando y comiendo, y de repente al frente, del otro lado de la calle, tronó un poste de luz, habían puesto un explosivo con lo cual se cortaba la luz, dando más problemas al gobierno y al ejército. El impacto me aventó como por un metro o dos. También ponían cargas explosivas en las cajas de teléfonos, y si de repente alguien lo usaba, se destroza ba. Los coches bombas eran muy frecuentes; otro día fuimos a comer a un restaurante, yo dejé el coche en un estacionamiento, regresamos a las dos horas, nos retiramos y como a los tres o cuatro minutos, el coche que había estado estacionado al lado mío, explota. De pura casualidad nos salvamos la vida. Un día estábamos en la embajada, mi oficina tenía un jardín y al frente había una avenida y sobre esa acera estaba un cine con un gran estacionamiento. Allí habían pleitos de todo tipo, de la guerrilla, entre empresarios, mafias. Aquel día, alguien puso un coche bomba en el estacionamiento. Nosotros sentimos la explosión y el motor del coche voló, cruzó la avenida, y cayó en el jardín de mi oficina.

Carlos permanece en El Salvador por cuatro años en donde había una cantidad importante de mexicanos. Luego fue enviado a Colombia, en donde estuvo otros cuatro años "La convivencia era totalmente dife-rente. En el Salvador sabías que eran dos las fuerzas de disturbio: el ejército o la guerrilla, había también violencia común, algunas bandas. Me acostumbré a ese tipo de violencia, pero en Colombia era diferente, porque eran varios, cinco o seis los que estaban involucrados. Estaba el ejército, la policía, la FARC, el LN -un movimiento guerrillero, y habían otros dos más pequeños, estaban los paramilitares, los narcotraficantes y los autodefensas", dice Carlos.

¡Más peligroso todavía!
-Sin dudas. En Colombia nos tocaron varios atentados, coche bombas, los viajes eran muy riesgosos, se podía circular sólo en determinados lugares. Pero uno tenía que arriesgarse, tenía que vivir en ese medio. Debo mencionar que Colombia tiene una gente maravillosa, su cultura, su música, son inigualables.

Carlos fue trasladado a Nueva York en donde fue cónsul general alterno por casi dos años, estuvo muy a gusto allí, con un trabajo muy interesante, luego lo transfieren al Líbano, en donde per maneció dos años.

¿Fue más pacífica tu experiencia en el Líbano?
-Más o menos, tenía sus momentos también, por ejemplo los israelíes mandaban con frecuencia aviones de combate no tripulados, dirigidos a control remoto, y era muy curioso porque acele raban cuando pasaban por Beirut, rom- pían la barrera del sonido, y se veía como una explosión y todos los edificios se tumbaban, se quebraban los vidrios. En el sur, Israel ya tenía ocupado una parte del territorio libanés, y a veces cuando íbamos a la famosa ciudad de Tiro, muy histórica, a unos pocos kilómetros, habían enfrentamientos entre el ejército de Israel y las milicias libanesas, era bastante serio. Pero en general, era relativamente tranquilo, un país interesantísimo. Líbano es precioso, la comida excelente, la gente maravillosa, te diviertes mucho, es un bonito país con una gran historia y cultura. Tuve oportunidad de conocer Siria, Israel, Jordania, una parte de Irak, Arabia Saudita, Turquía, Egipto y Grecia, todos esos países maravillosos. La vida allí me pareció un poco cara, aprendí algunas palabras en árabe, pero en ese país se habla francés, árabe, español e inglés al mismo tiempo.

¿Qué cantidad de gente habla español?
-Bastantes personas. Hay muchísimos latinos, sobre todo venezolanos, hay una comunidad venezolana-libanesa muy grande, argentinos también, mexicanos y colombianos. Se habla mucho francés e inglés también.

¿Viajan por negocio?
-Muchos, pero otros lo hacen porque tienen algún familiar libanés, abuelos, padres, vienen a conocer la tierra de sus antepasados y se quedan a vivir, a trabajar. Otros latinoamericanos volvían a instalarse nuevamente porque la guerra había terminado. Yo fui a abrir la embajada en Beirut, la que estuvo cerrada durante ese tiempo y permanecí año y medio, luego me enviaron a Madrid, España, por un año y medio también. Allí hubo paz y mucha diversión, "la marcha famosa", como dicen los españoles, muy bonito ambiente, el trabajo totalmente dife-rente. A España la disfruté mucho, me dediqué a viajar por todo el país, también visité Portugal. Después fui nombrado embajador de México en Yugoslavia, estuve allí cinco años.

¿Cómo funcionan los traslados? ¿Puedes solicitar un destino o es a la carambola?
-Es un poco a la carambola pero también puedes solicitar algún país que te interese. Yo sólo solicité Washington y Santa Ana. Yo había trabajado en la administración y sabía que la embajada de Yugoslavia debía abrirse y cuando me preguntaron si yo quisiera hacerlo, dije que sí. Años atrás, estuve involucrado en la apertura de la embajada de México en Kenya, permanecí allí varios meses y aprendí el manejo de la apertura de una embajada. Me ofrecieron también ir al Líbano.

Carlos aceptó todos los destinos que le ofrecieron. Yugoslavia estaba vacante, acababa de terminar una guerra de 10 años. Le interesó vivir el proceso de reconstrucción, la apertura democrática, la apertura comercial. Cuando fue embajador en Yugoslavia llevaba un diario, una bitácora más que un diario, de lo que ocurría, con sus impresiones, y con todo ese material escribió un libro, aún no publicado. También tiene escrito muchos testimonios históricos muy importantes sobre el Líbano. Algún día los volcará en un libro, que descontamos será muy interesante.

"Estuve cinco años en Yugoslavia, una experiencia de incalculable valor, atestiguar todo lo que pasó ahí, observar la reconstrucción de todos esos países después de la guerra, y cómo estaban construyendo su futuro. La embajada era muy pequeña pero se trabajaba mucho, representar a México fue valioso y la actividad cultural que brindábamos era muy positiva. Los negocios de los mexicanos generaban un millón de dólares y cuando me fui, ascendió a ocho. Yo fui el primer embajador de México en Macedonia, y en Bosnia y estuve cinco años en Belgrado. Durante mi término, se operaron muchos cambios en Yugoslavia, era un país muy grande con seis repúblicas independientes. Trabajamos duro para recuperar la relación de México que había estado suspendida por tantos años", dice Carlos Rodríguez y Quezada.

El cónsul había permanecido alrededor de 20 años en el extranjero, había terminado su trabajo en Yugoslavia, y solicitó regresar a su país en donde permaneció dos años. Y, cuando supo que se desocupó el consulado de Santa Ana lo pidió, el cónsul tiene a su madre en Los Angeles.

¿Cuánto tiempo puede un cónsul quedarse en el mismo destino?
-Por ley son tres años, en el caso de los embajadores puede ser más tiempo, pero con frecuencia es entre tres a cuatro años. Y es así para evitar generar relaciones de dependencia, con más tiempo se va asimilando la cultura, los intereses del país, después de dos o tres años se empieza a defender más los intereses del país en donde se está trabajando que del suyo.

¿Cuáles son las funciones de un cónsul?
-La tarea fundamental es la de proteger y asis tir al mexicano residente del condado en todas sus necesidades legales, todos sus problemas, lo que necesita, ya sean documentos, pasaportes, identificación consular, tenemos un departamento legal porque en algunos casos se necesita protección, se violan los derechos de los mexicanos, derechos laborales, humanos, de trabajo, etc. Tenemos un programa comunitario de educación, de salud, damos seminarios para la pequeña y mediana empresa, cómo iniciar un negocio, cómo desarrollarlo. Además te- nemos un programa de becas de México que se administra a través de la universidad de UCLA, ésta entrega dinero a Santa Ana College para dar becas a estudiantes mexicanos.

Estamos creando ahora una Asociación de Profesionales y Empresarios Mexicanos. Necesitamos identificarlos, agruparlos, y presentarles una serie de proyectos para que, según su profesión, los desarrollen con el apoyo del consulado y del gobierno de México.

Acá en Orange hemos detectado a unos 200 empresarios, Fernando Niebla, reconocido profesional, es el presidente de la asociación y esperamos estar listos en septiembre para inaugurarla. En Orange hay mucha industria aeroespacial, electrónica, de tecnología, de biotecnología, con proyectos grandes en los que se pueden involucrar, como sucede en San Jose con la industria electrónica, o en Detroit, con la automotriz.

Además, se está trabajando para crear una Cámara Mexicana de Comercio. No hay ninguna organización que reúna y organice al pequeño y mediano comerciante mexicano.

El consulado también está involucrado en un gran número de actividades festivas y cultu-rales: las Fiestas Patrias; una exposición en el museo Bowers de pintores mexicanos y latinoamericanos; danzas, música, teatro, cine que durará cuatro meses. En octubre expondrá un pintor mexicano muy talentoso, Carlos Amorales, y estoy trabajando en la comisión del Bicentenario, que es un gran proyecto. Necesitamos patrocinadores, y el apoyo de las distintas federaciones, clubes y demás organizaciones mexicanas. Les pedimos que se integren al consulado, que participen.

¿Cómo se pue- de comunicar la gente con Uds.?
-Dejen un mensaje por teléfono al (714) 835-0403, y mucho mejor, envíen un correo electrónico, visite nuestra página: www.sre.gob. mx/santaana para ver a quién enviar el correo.

¿Cuál es tu men saje para el pe- queño empresa rio mexicano del condado?
-Que hay muchas posibilidades, muchas oportunidades para hace negocio de México para acá o de aquí para allá. Lo que falta es información que deseamos dárselas. Por favor, acérquese al consulado, visiten la página: www.sre.gob.mx/santaana. Podemos conectarlos con empresarios mexicanos, podemos darles información de adónde hacer inversiones, qué productos traer de México, o vender de aquí para allá, a través del libre comercio. Nos interesa más, por supuesto, que vengan los productos de allá para acá, ¡acá tienen al consumidor esperando! Los invitamos que hagan negocio, que vengan a consultarnos.

Su ejemplar madre vive en Los Angeles, es pintora y fue la primera de la familia en trasladarse a este país, se radicó en Nueva York 40 años atrás y se muda a Los Angeles diez años después, cuando le ofrecen un trabajo para restaurar piezas valiosas en museos privados y, a pesar de tener 92 años, sigue pintando. Su hermano mayor, Felipe de Jesús Rodríguez y Quezada vive allí, también fue miembro del servicio diplomático de México, fue vice cónsul en los Angeles y en otros condados.
El cónsul Carlos Rodríguez y Quezada tiene cuatro hijos, Juri Alejandro; Carlos Antonio; Giovanni Esteban y Sebastián. Todos viven en México, a excepción de Giovanni quien está radicado en la Florida desde hace muchos años.

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